Jesucristo tenía un gemelo perverso. Se da la circunstancia de que Luis Carlos, que así se llamaba, era el hermano mayor del Mesías, puesto que nació del inmaculado vientre de María a la hora del té, diez minutos antes de que lo hiciera el ungido y salvador de la humanidad, que nunca se caracterizó por tener una gran flema británica. Estos acontecimientos hicieron sospechar en un principio a todo el mundo que era Luis Carlos, y no Jesucristo, el llamado a conducir al pueblo elegido, y de paso a algunos pueblos más, al nuevo mensaje del Luiscarlismo que prometía el Antiguo Testamento. Ambos hermanos se criaron con María y José en Nazatet, donde Luis Carlos aprendió el oficio de carpintero mientras Jesús, como siempre sucede con el hermano menor, recibía un trato privilegiado y se limitaba a hacer algunos recados los martes por la tarde al salir de la sinagoga.Todo transcurría con normalidad hasta que al cumplir los 17 años María contó a sus gemelos que su padre no era en realidad San José (aún no le habían concedido el título de santo, pero en el pueblo les parecía que José a secas era un nombre demasiado vulgar para el padre del salvador). Ante la mirada estupefacta de los dos adolescentes, María les contó una extraña historia de una paloma que convenció al bueno de Jesús, pero no tanto a Luis Carlos, que seguía sin explicarse el asombroso parecido que tanto él como su hermano tendían con el rabino Podorsky.
Pero ahí no habían terminado la sorpresa. Tras la impactante noticia, María mandó a Jesús a multiplicar unos panes y unos peces en el patio para contar solemne a Luis Carlos que era a la vez Dios y el hijo de Dios, que su padre era el Espíruto Santo que también era Dios como él y en él... y al final, en vista que de el pobre chaval no se enteraba de nada, le dijo que era el redentor, el mesías, el rey de los judíos, el salvador de la humanidad y... bueno... que a los 33 años, pues... que igual le iban a crucificar un poco, y eso. Como la idea de la crucifixión no terminaba de convencerle demasiado, y ante la sospecha de que el rabino Podorsky, que sufría del corazón, no podría soportar la pérdida de un hijo, Luis Carlos puso como excusa su republicanismo para rechazar el cargo de rey de los judíos. "Pero si tu reino no es de este mundo", argumentó inutilmente María. "Pues peor me lo pones", replicó Luis Carlos.
La negativa del chaval disgustó bastante a Dios Todopoderoso, que cortó toda relación con su hijo putativo (en realidad San José llevaba este título, como el de santo, sólo de forma testimonial) y le prohibió utilizar el apellido Todopoderoso. Este cisma familiar, un capítulo crucial en su biografía, agrió el carácter de Luis Carlos, que un año después dejó la casa familiar y se despidió de su hermano, nuevo mesías, con un lacónico y cortante: "Córtate el pelo y búscate un trabajo".Pero ahí no habían terminado la sorpresa. Tras la impactante noticia, María mandó a Jesús a multiplicar unos panes y unos peces en el patio para contar solemne a Luis Carlos que era a la vez Dios y el hijo de Dios, que su padre era el Espíruto Santo que también era Dios como él y en él... y al final, en vista que de el pobre chaval no se enteraba de nada, le dijo que era el redentor, el mesías, el rey de los judíos, el salvador de la humanidad y... bueno... que a los 33 años, pues... que igual le iban a crucificar un poco, y eso. Como la idea de la crucifixión no terminaba de convencerle demasiado, y ante la sospecha de que el rabino Podorsky, que sufría del corazón, no podría soportar la pérdida de un hijo, Luis Carlos puso como excusa su republicanismo para rechazar el cargo de rey de los judíos. "Pero si tu reino no es de este mundo", argumentó inutilmente María. "Pues peor me lo pones", replicó Luis Carlos.
Aunque las termas que abrió en Jerusalén hicieron pronto de Luis Carlos uno de los hombres más poderosos de Palestina, el gemelo perverso de Jesucristo maceraba demasiada rabia en su interior y cuando se enteró de que su hermano se había hecho hippie comenzó a regurgitarla. Vendió las termas y se dedicó a ir contagiando de nuevo a los leprosos que curaba su hermano. Estaba decidido a boicotear la nueva religión de su padre y, de paso, incordiar un poco al mimado de Jesucristo, demasiado acostumbrado a que se lo dieran todo hecho. Y cuando no era así, recurría directamente a los milagros, como en aquella boda de Canaá, en la que Luis Carlos se bebió todo el vino para boicotear a los novios, que eran amigos de la familia, y el aguafiestas de Jesucristo transformó el agua en vino.
Las correrías de Luis Carlos eran cada vez de mayores dimensiones: esperó a que Lázaro resucitara para volver a matarlo, inició a María Magdalena en la prostitución y creo las primeras tensiones en la cuadrilla cuando le dijo a Judas Iscariote que Jesús no era más que un impostor y un mimado.
Pero lo que de verdad convirtió en realmente perverso al gemelo perverso fue el enterarse de que su padre había decidido ahorrarse lo de la crucifixión para salvar a la humanidad por temor a que Jesucristo le dijera lo mismo que Luis Carlos y quedarse sin mesías. En aquel momento, Luis Carlos acuñó la famosa expresión "¡Me cago en Dios!" y llamó a su padre para pedirle explicaciones, pero nadie cogía el teléfono. Llamó entonces a Jesucristo para pedirle el móvil de Dios, pero el hermano pequeño, que por muy salvador y de poner la otra mejilla que fuera ya estaba bastante harto por las putadas acumuladas, le contestó que no sabía consultar la agenda del móvil mientras hablaba, que ya se lo mandaba después en un mensaje. Era la primera vez en su vida que mentía, porque Jesucristo, como Todopoderoso que era, sí que podía consultar la agenda del móvil mientras hablaba, y además no tenía ninguna intención de mandar después el mensaje.
El cabreo de Luis Carlos fue tal que denunció a su hermano a los romanos, tratando de convencerlo para que lo crucificaran, que al fin y al cabo era para lo que había nacido, y dar así una lección de Teología a su padre. Claro que a los romanos lo de que fundara una religión nueva tampoco les molestaba demasiado, así que tuvo que recurrir a otro truco: les dijo que lo de Jesucristo no era una religión ni se llamaba cristianismo, sino que era una ideología y se llamaba comunismo. "¡Ah no, aquí no queremos comunistas", dijo un romano que no era precisamente un ancestro de Garibaldi, y se abrió un proceso que terminó con la crucifixión de Jesucristo.
Y aún faltaba la última jugada de Luis Carlos, que fue a visitar a su hermano en la cruz. Jesucristo, que acababa de pronunciar su famoso: "Padre, ¿por qué me has abandonado?", oyó un sonido en sus pantalones y al reconocer el rostro familiar a sus pies dijo: "Luis Carlos, ¿me puedes coger el móvil, que creo que es papá?". "Te jodes. Haberlo puesto en manos libres", espetó Luis Carlos.
















4 tienen más que decir:
Que habrá sido de Luis Carlos.
¿Que se basaron en Luis Carlos para La Vida de Brian? "Porque nadie escapa a su destino" xDDDD
Luiscarlismo... ésa es la solución que buscaba desde hace años.
Nooooo. Es Luis Carlos Todopoderoso
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