1. Si las cazadoras de abrigo se llaman polares, ¿por qué las chaquetas de gasa que se pone uno en verano no se llaman tropicales?
2. Si la moda vuelve, ¿a dónde había ido?
3. ¿Por que las chaquetitas se llaman toreras?
En ese caso, ¿Cristina Sánchez es una chaqueta, o al menos lo era cuando toreaba?
4. ¿Los descamisados realmente no llevaban camisa?
5. ¿Cuando uno no se siente arropado, es que esta en pelotas (o en pelota, que diría el insigne presidente Aznar en su ingles de Massachussetts)?
Sección: Reflexiones
"Buenas. Somos la Pérfida Albión". El ejército inglés a Jorge Videla en Las Malvinas
"Si es que estás en las nubes". Manuel Fraga, informativo, a Luis Carrero Blanco
"Ggggggghhh... ¡¡¡Pizzzaaaa!!!". Ronaldo
"Y la Viagra sin inventar". Carlos II de Austria (de España)
"Déjeme bien rasuradito". Luis XVI de Borbón (de Francia)
"¿Alguien tiene una Lizipaína?". Sadam Hussein, con dolor de garganta.
"¡Hostias! ¡Se me ha olvidado hacerme la cera!". Lady Godiva
"Yo prefieron maquinilla". Eva Braun
"Yo paso de eso". Frida Kahlo
"Buenas. Somos la Pérfida Albión". La RAF bombardeando Dresde
"Desde aquí veo Dresde". Luis Carrero Blanco, volátil
"Es que me pidieron lumbre y me liaron". Prometeo a Zeus
"Españoles, Franco no ha muerto". Arias Navarro, vacilando
"Así, a vista de pájaro...". Luis Carrero Blanco en pleno reconocimiento aéreo de Madrid
"Más cornás da el hambre". Carpanta
"Más cornás da Islero". Manolete
"Toma 70.000 millones de pesos y cómprame un bocata". Raúl Alfonsín a su asistente
"Buenas. Somos la Pérfida Albión". Horacio Nelson a Pedro Carlos Villeneuve en Trafalgar
"Volare, oh, oh". Luis Carrero Blanco, parafraseando a los Gipsy King
"¿Me lo pone para llevar?". El Dioni
"¡Mira cómo imito a Luis XVI, Carmen!". El duque de Cádiz a Carmencita Martínez Bordiú
"¿Le duele aquí?". Islero a Manolete
"¿Y aquí?". José Menguele
"Tiene mala pinta. Habrá que extraer". Jack el destripador
"Eso, eso". José Menguele
"Buenas. Somos la Pérfida Albión". Montgomery a Rommel en plena campaña africana
"Joder, con la Pérfida Albión". Felipe II
Han colaborado Schwejk, Nelken y Lek
Sección: Frases célebres de la historia
Quizá fuera su olor a goma recauchutada o tal vez su permanente gesto de sorpresa, con la boca siempre abierta, con la que le miraba, pero su encuentro casual había cambiado para siempre la vida del solitario Facundo. La conquistó nada más verla con un contundente "Vas a ser mía". Y vaya si lo fue. A la media hora ya paseaba orgulloso de su brazo sin preocuparse por las sorprendidas miradas que escudriñaban a aquella exhuberante rubia de metro setenta y cinco.Estela no era la típica rubia florero que sólo hablaba de trivialidades; Estela no hablaba en absoluto, y aunque esa pertinaz mudez amenazaba con socavar la relación tras la primera y fogosa noche, Facundo se acostumbró rápidamente a una introversión que un solitario como él, tan acostumbrado al silencio, incluso agradecía. Al fin y al cabo, su rutina no había cambiado en absoluto: era como vivir solo con el aliciente de las salvajes vacanales que le esperaban al llegar la noche. O a la hora del almuerzo. O en la sobremesa, después del Telediario. O a la hora del té. O antes de cenar. Porque si una virtud tenía el empecinado silencio de Estela era que nunca decía a nada que no.
Para un existencialista reconvertido al neoliberalismo como Facundo, aquélla era la relación perfecta. Una vida en pareja sin renunciar a la realización personal del individuo. Estela nunca protestaba cuando sábado tras sábado le veía regresar con un intenso aliento a ginebra; circunstancia paradójica si se tiene en cuenta que su ruta habitual comprendía todas y cada una de las güisquerías de las afueras, porque ya desde niño le habían fascinado las luces de neón.
Tampoco tuvo que oir nunca Facundo aquello de "¿Por qué, por qué los domingos por el fútbol me abandonas? ¿No te importa que me quede en casa sola?". No. Ella le esperaba paciente y silenciosa y le recibía con esa expresión estupefacta que le imprimía su boca permanentemente abierta, como en permanente sorpresa.
Pero como todas las historias de amor, al final acabó en drama. Sexualmente Estela era la mejor compañera imaginable y tolerante hasta límites insultantes con la caótica vida privada de Facundo, pero por lo demás era un absoluto desastre. No es que siguiera sin decidirse a mediar palabra, algo que tras seis meses de relación comenzaba a exasperar a su pareja, sino que se pasaba el día entero tumbada en la cama. También era, por decirlo de una manera educada, bastante descuidada con su aseos personal, hasta el punto de que era Facundo quien debía asearla cada dos días con agua fría, porque el agua caliente estropeaba su delicada piel. Tampoco conocía la cocina, hasta el punto de que los domingos que se quedaba en casa sola los pasaba en ayunas, sin levantarse de la cama para prepararse ni un sencillo huevo frito.
Un cuatro de marzo Facundo, preocupado por la cada vez mayor delgadez y, aunque suene contradictorio, flacidez de su novia, la tomó por la cintura y la llevó a la cocina para enseñarla al menos a preparar el susodicho huevo frito. Cuando estaba dorando la clara al estilo Bismarck sobrevino la desgracia: una gota de aceite saltó a la muñeca de Estela, que sin proferir ni un quejido cayó herida de muerte. De nada sirvieron los intentos de Facundo por taponar el orificio con esparadrapo, practicarla un torniquete y, por último, soplar muy fuerte sobre la herida como se les hace a los niños pequeños para que no les escueza una pupa. Estela murió silenciosamente a los diez minutos, o al menos eso es lo que Facundo le contó entre lágrimas a la dependienta del sex shop cuando fue a comprar una muñeca hinchable nueva.
*Heinrich Von Afosamberger, catedrático emérito de la Universidad de Colonia, constata que Napoléon III dedicó grandes esfuerzos a descubrir la marca de rímel de la mujer del kaiser para regalarle un juego de maquillaje a una camarera de Montmartre. Al no conseguirlo, encargó a sus servicios de espionaje que descubrieran el modelo de picardías de la sobrina de la cabeza visible del Segundo Reich. Ante el fracaso de ambas tentativas, optó por declarar la guerra a Prusia. (Von Afosamberger, Heinrich: 'La cara oculta de la Guerra Franco-Prusiana'. Universidad de Colina. Colonia, 1997)
Sección: Cuentos apócrifos
Sección: Miscelánea














