Nanorrelato 49 (Nonanorrelato)

Como no dejó testigos no hay historia

El hombre analógico

Sept, Seven, Siete

Alcólitos: Borrachos incondicionales.
Bargina
: Eufemismo de casa de citas (a su vez eufemismo de puticlub).
Bastard: Forma bastante maleducada de decir en inglés que ya está bien, que ya basta(rd).
Brandy-Blub: Juguete viscoso para niños alcohólicos.
Clarievidencia: Capacidad para prever lo que ya estaba claro para todo el mundo.
Contracto: Acuerdo con funciones fisiológicas. (II) Si es rectal, contrato de mierda.
Dilingencia: Sobreabundancia de choches de caballos.
Entretendimiento: Ocio yacente.

Envildrioso: Aquella mala persona que desea tener más cristales que los demás.
Metrosexualidad: Acción y efecto de darse uno placer (o darlo) en un tres suburbano.
Odiar: Manifestar antipatía poéticamente, en concreto mediante odas.
Ortocultor: (I) Aquel que se mete frutas por el culo. (II) Aquel que tiene una flor en el culo.
Ortocultura: (I) Cultivo de frutas para meterselas por el culo. (II) Arte de cultivarse flores en el culo. (III) Cultura de mierda.
Quarante deux: Número de mierda en francés.
Tenista: Aficionado británico al número 10.
Ticrita: Apósito para personas con movimientos nerviosos involuntarios.

Odas líticas

Oda bipolar de pie quebrado
A veces te quiero; a veces te odio.
Te deseo lejos, pero te echo de menos
Tú eres una zorra, pero yo estoy fatal
y otra vez he olvidado tomar mi medicación.
Y esto es el pie quedrado

Oda lítico-ripiosa
Ya no canta trovas,
ya no escribe ripios,
ya no pinta monas...
Ya tomó su litio.

Oda lítica, ni siquiera ripiosa
Una voz en mi interior me dice que te quiero;
una tristeza me invade en tu ausencia,
pero con la pastilla de litio la voz se acalla
y el Prozac me alegra en tu falta de presencia.

Oda quevediana
No he de callar por más que con el dedo,
ya tocando la boca o ya la frente,
me amenaces con hacer lo que a Manolete Islero.

Oda de verso libre
Después de besar a María
todo parecía mucho más divertido.
Después de comerse a María
descubrió que no era una galleta.

Oda-nismo
Ufff, que bien.
Nadie se conoce mejor que uno mismo.
¡Me ha dejado de piedra!,
respondió la estatua ecuestre

La verdadera y desconocida historia del Che Guevara y Fidel Castro

"Este pendejo de Ernesto me está quitando todo el protagonismo". La protesta de Fidel Castro pone de manifiesto una ligera y progresiva antipatía hacia el Che Guevara que algunos autores ya han insinuado en varias ocasiones. Sin embargo, lo que nadie había podido aclarar hasta el momento es el verdadero motivo del progresivo distanciamiento de los dos grandes líderes de la Revolución Cubana.
Todo comenzó en 1955, cuando Camilo Cienfuegos alabó en público la barba del argentino. Fidel, que siempre había sido un tipo muy preocupado por la estética, cayó en la cuenta que con esa cara afeitada, con ese aspecto barbilampiño sólo matizado por un pequeño bigote, no podía ir muy lejos. Esta sensación, que ya empezaba a preocupar al mayor de los Castro, se tornó siertamente inquietante cuando su hermano Raúl le recomendó fijar como prioridad de la Revolución conservar todo su pelo, porque de perderlo, la calva y el bigote le podrían dar un alarmante parecido con un gallego bastante cabrón que mandaba en España y respondía al nombre de Francisco Franco. Ya no sólo necesitaba una barba, sino mantener bien a cubierto su cuero cabelludo.
Esta reunión cambió los planes del líder cubano, que tenía previsto dejarse una prominente calva para parecerse más a Lenin. Sin embargo, la sugerencia de su hermano tuvo efecto y a partir de ese mismo día la protección del pelo de Fidel fue declarada prioridad revolucionaria. Nadie podía acercarse a menos de tres metros del cabello del comandante si antes no había recibido una autorización expresa del Subsecretariado Capilar. Sólo su peluquero podía acceder con cierta libertad al revolucionario pelo para arreglar e incluso cortar, si no hubiera más remedio, sus revolucionarias puntas.
En 1956 Fidel ya lucía una barba tan tupida como la del Che. O incluso más, porque en reducidos círculos revolucionarios ya se empezaba a comentar que el comandante -en adelante Guevara, parea evitar confusiones con el otro comandante- mostraba unas evidentes calvas en su vello facial. Esto no impedía que la barba le diera un aspecto simultáneamente marcial y liberador, pero no podía compararse con la de Fidel, que sin llegar a los extremos de Marx sí lucía un barbado más tupido.
Sin embargo, los recelos llegaron de nuevo cuando el argentino comenzó a dejarse el pelo largo. "Pues yo también", le ordenó Fidel a su peluquero, quien, temeroso de perder su empleo le advirtió: "Mejor llévelo corto, compañero comandante, que el cabello que se corta a menudo crece más fuerte y es más difícil de perder". Pero el líder cubano ya no temía a la alopecia, una vez que su nueva barba impedía cualquier confusión con Franco, por lo que el avieso esteticién, más preocupado por su futuro laboral que por el éxito de la revolución, hizo uso de una jugada maestra que tenía preparada para preservar su trabajo: "A poco que empiece a crecerle el pelo, el comandante va a parecerse a Ulises S. Grant".
La relexión inquietó tanto a Fidel que en ese mismo instante dispuso como prioridad revolucionaria mantener su pelo corto. Todo el que fuera sorprendido tratando de hacer crecer el pelo del comandante por encima de los cuatro centímentros sería acusado de actividades antirrevolucionarias. La Oficina de Investigación de Actividades Antirrevolucionarias llegó incluso a procesar a un cabello del mismísimo comandante en jefe que creció por encima del máximo permitido. "Hay que cortar de raiz", sentenció en presidente del tribunal, a la sazón peluquero personal de Castro.
Sin embargo, nada impedía que el pelo del Che Guevara creciera con normalidad. El argentino se había convertido con su pelo al viento en el revolucionario favorito de las jóvenes cubanas, y para 1959, cuando por fin entraron triunfales en La Habana, Fidel pronunció su ya famosa frase: "Este pendejo de Ernesto me está quitando todo el protagonismo", le susurraba constantemente a su hermano Raúl.
Ante esta situación, Castro pergeñó cdurante varios años un imaginativo y audaz plan que: dejaría crecer su pelo para eclipsar así el carisma del Che. Sin embargo, para cuando el plan estuvo listo Estados Unidos ya había promulgado una ley que impedía el crecimiento del pelo en Cuba bajo amenaza de fuertes sanciones económicas a cualquier cabello que tratara de alargarse en la isla. Además, un embargo comercial impedía el tráfico de pelucas, peines y crecepelos, y así era francamente difícil lucir una bonita media melena.
Este y no otro fue el motivo del progresivo distanciamiento entre los dos cabecillas de la Revolución Cubana. Celoso Fidel de una melenita que nunca podría tener, comenzó a servirse de la 'Técnica Gila' para presionar al Che, y deslizaba en todas sus conversaciones frases como "alguien debería irse al Congo, y no quiero mirar a nadie" o "aquí alguien ha contrarrevolucionado al alguien, y no quiero mirar a nadie".
El Che había soportado estoicamente la presión hasta que un último acontecimiento le llevó a dimitir de todos sus cargos en el Gobierno cubano. Fue de madrugada. Un agente del Servicio Secreto entró en su dormitorio y afeitó completamente la cabeza de su perro, que había aprovechado la ausencia de su dueño para dormir en la cama más cómoda de la casa. Evidentemente, el verdadero objetivo del atentado era el propio Che, y sólo la confusión del agente y la casualidad en forma de retraso impidieron que el argentino quedara completamente pelón. A la mañana siguiente redactó su carta de dimisión tocado con varias gorras para proteger su pelo. El resto es historia.

Nanorrelato 48

¿Quién es Pepe Dávila?

Frases célebres de la historia. Capítulo 48

"No me gusta que a los toros me vengas con minifalda". Manolete
"¿Seguro que es por aquí?". Rodolfito Hess al controlador aéreo
"¿Tú has visto Kojak?". Dalila a Sansón
"¿Tú has visto 'De la Tierra a la Luna'?". El Comando Madrid a Luis Carrero Blanco
"¡Blanco!". Islero en Linares
"Va puta mierda que es todo". Arthur Rimbaud
"Seré Franco". Manuel Fraga, sincerándose
"¿Esos elefantes vienen o no?". Aníbal
"Si es que los romanos somos la hostia". Publio Cornelio Escipión
"Yo una con bacon y cebolla". Ferrán Adriá
"La mía con pepinillo". Juan Mari Arzak
"Se está rifando una hostia...". Glenn Ford a Rita Hayworth
"¡Alemanes todos!". Vespasianpo, confundido
"¿Seguro que es por aquí?". El doctor Livingstone a su guía
"¡Rediós!". Jesucristo, insistiendo
"¿Me pasas la sal?". Mahatma Ghandi a Isabel II
"Joder, con la cirugía invasiva". Julio César
"Dos iguales para hoy". Sansón
"
Si es que los alemanes somos la hostia". Carlos Marx
"
¿Seguro que es por aquí?". Juan de la Cosa a Cristóbal Colón
"¿Tenéis cambio de 5.000 millones de sextercios?". Los cartagineses, haciendo cuentas con los romanos
"¿Te pasa algo en el frenillo?". Otto Von Bismarck a Napoleón III
"Mira, aquello debe ser Salamanca". Luis Carrero Blanco a su chófer
"¿Seguro que es por aquí?". Paul Verlaine a Arthur Rimbaud

Nuevas nueve diferencias

Las memorias de Desfaux

Las opiniones sobre el talento de Alain Desfaux son ciertamente contradictorias. Él se consideraba un genio, para la mayor parte del mundo es un desconocido y sólo quienes llegaron a conocerle apreciaron su talento en lo que valía. Sus compaleros de generación coinciden en afirmar que se desenvolvía con frecuencia en la delgada línea que separa la genialidad de la estulticia, un ejercicio arriesgado en el que Desfaux se desenvolvía con soltura: siempre acababa comportándose como un auténtico cretino.
Pero si algo le caracterizaba era el ser un tipo expresivo, con ganas de comunicarse. Su talento para la música era tal que ningún instrumento se adaptaba ni a sus abrumadoras posibilidades ni a su formación autodidacta. La percusión le resultaba demasiado sencilla, el violín poco innovador y el piano demasiado mecánico, de modo que optó por no aprender a tocar ningún instrumento y componer sinfonías utilizando simplemente el alfabeto, sin ningún conocimiento de solfeo. Su olvidada Tercera Sinfonía comienza así:
(Violines): Chininichininiiii chinchinchin.
(Al cuarto chininin entra elclarinete): Teretereterete.
Pese al entusiasmo con el que lo presentó en todo el mundo, su nuevo sistema de notación no tuvo éxito, lo que le sumió en una profunda depresión. Años más tarde su profesor de música reconoció que en esta aciaga época Desfaux estuvo a punto de tirar la toalla, e incluso se planteó seriamente abandonar toda relación con cualquier disciplina artística o expresibva. ¡Gracias a Dios!, exclamó el profesor, aunque ya no le importaba demasiado porque se había quedado definitivamente sordo.
Desanimado ante su escasa suerte en el mundo de la música, se adentró, ya muy a finales de los 80, en la literatura. De esta época son 'La historia del ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha' (1989), 'Crimen y castigo' (1990), 'Una temporada en el infierno' (1991) y el 'Libro del desasosiego' (1992). De nuevo en sus memorias, Desfaux se lamenta de que, pese al éxito de crítica y público que significaron sus cuatro títulos, nunca recibió ni un céntimo en concepto de derechos o ventas, circunstancia que achaca al extraordinario hecho de que se publicaran sin que enviara el original a ninguna editorial.
De hecho, antes de morir compartió con sus amigos más íntimos la inquietante su sospecha de que su ópera prima, 'La Biblia' (1988) ya estaba publicada incluso antes de que empezara a escribirla, circunstancia que por otra parte confirmaba la teoría de los viajes en el tiempo enunciada tiempo atrás por su viejo profesor Manuel de Oliveira.
El caso es que esta situación dejó a Desfaux al borde de la ruina. Desanimado y sin reconocimiento, se abandonó al alcohol, y cuando estaba a punto de entregarse a los brazos de la dipsomanía descubrió su verdadera vocación, la auténtica inquietud que le había estado pellizcando el bazo durante dos décadas, tratando de abrirse paso entre la hiperactividad del creador: la cocktelería.
No en vano, y de nuevo según sus memorias, Desfaux se considera un sumiller excelente al que no se supo apreciar en su época. Y es que, en efecto, era un retrasado a su tiempo. En 1995 inventó el gin-tonic y un año después, en 1996, el Cuba Libre, dos combinados excelentes que le hubieran otorgado el reconocimiento mundial si algún inoportuno no los hubiese elaborado ya varias décadas atrás.
Para lo que no tenía intuición en absoluto era para los nombres, como demostró al bautizar a su vermú con ginebra -combinado en el que también otro listillo también le había ganado por la mano- como "whisky on the rocks", denominación que llevaba al equívoco a muchos consumidores.
A partir de este capítulo las memorias resultan confusas, puesto que Dusfaux comienza a hablar de su invasión de la Península Ibérica, una larga travesía a través de los Pirineos y los Alpes con un ejército de elefantes y cierto enconamiento personal con un italiano llamado Publio Cornelio Escipión, última persona de quien se tiene constancia en la vida de Desfaux antes de su muerte en circunstancias nunca aclaradas en el norte de África.

Contrafábula

Cuando lo avisó por primera vez, nadie le creyó.
El segundo aviso, mucho más contundente, tampoco obtuvo respuesta.
Tampoco a la tercera, pese a su insistencia le dieron crédito.
Menos mal que estaba mintiendo.

Consejos para sobrevivir en una película de policías

Consejo 1
Nunca, nunca; pero nunca haga enfadar a Clint Eastwood

Consejo 2
Nunca se jubile o, al menos, no se lo anuncie a nadie.
Aportación de Thruman: Adelante la jubilación a los 25 años.

Consejo 3
No sea negro. Si lo es, procure que nadie se de cuenta.
Excepción racial: Si es usted Will Smith o Denzel Washington, puede ser negro.

Consejo 4
Si es latinoamericano, haga lo mismo que el negro.

Consejo 5
Si es un varón caucásico, consiga que su compañero sea negro o latinoamericano.
Anexo temporal: Si no los hay, pida a un novato. Los novatos atraen las balas.

Consejo 6
Si le apuntan más de diez tipos con armas de repetición, sencillamente corra y láncese al suelo en la primera esquina. Todas las balas golpearán el suelo a escasos centímetros de sus pies sin causarle ningún daño.
Apunte de Lewis: Salvo que sea usted negro; entonces le acribillarán.

Consejo 7
Si es el malo y tiene al bueno a tiro, no se moleste en contar a nadie su plan. Sencillamente mátelo.

Consejo 8
Si es el bueno, vista de paisano. Los policías de uniforme siempre mueren.

Consejo 9
Tenga en cuenta la Ley Fundamental de la Puntería, según la cual:
a) El héroe tiene más puntería que los malos y es inmune a las balas.
b) Los malos, en compensación, tienen mejor puntería que los buenos.
c) Los negros, como los novatos, atraen a las balas.
d) En conclusión, si en un tiroteo usted no es el héroe, escóndase.

Consejo 10
Sea siempre muy gracioso. El personaje gracioso no suele morir, salvo que no tenga en cuenta la Ley Fundamental de la Puntería

Consejo 11
Si cree que son más, es que son más.
Corolario de McCallister: Si duda sobre si necesita refuerzos, es que necesita refuerzos.
Evidencia de Voeckler: Pida refuerzos.

Cosejo 12
En una película estadounidense, nunca se fíe de nadie que no sea de esa nacionalidad. Menos aún si es negro.

Nihilismo

-No somos nadie -dijo el psicólogo.
-No somos nada -corrigió el filósofo.

-Somos el conjunto vacío -acotó el matemático.
-Somos un tetra brick -sentenció el manipulador de alimentos.
-O un bote de conservas -apostilló el conservero.

Alcrohónimos vi

Alturista: Dícese de la persona generosa a partir de los 1.000 metros sobre el nivel del mar
Anacogeta
: Caradura que vive sin hacer nada
Corticoiles: Sustancias dopantes que venden a los niños en El Corte Inglés
Demantra: Canto espiritual con el que se exige algo en el juzgado
Demantrado: Aquel descreído sobre el que se presenta una demantra
Estulpicia: Estulticia muy estúpida. Lo peor, vamos
Indigerencia: Desinterés de los indigentes por ingerir ingentes cantidades de comida
Indilgerentes: Gerentes pasotas

Indulgerentes: Gerentes permisivos
Inestancia: Solicitud de Inés
Ornanista: 1. Decorador muy salido. 2.Aquel que se da placer a sí mismo con florituras
Repufo: Mal olor emitido por un vehículo de motor que intoxica al que va inmediatamente detrás
Sexante: Intrumento para proporcionar placer en alta mar
S
ilbiar: Forma antigua de 'silviar'
Silviar: Llamar a Silvia con un sonido agudo producido con los labios

Nanorrelato 47

Se afeitó y se fue del circo

Frases célebres de la historia. Capítulo 47

"Lo nuestro no tiene futuro". Adolfo Hitler a Eva Braun
"¿Seguro que es por aquí?". Juan de la Cosa a Cristóbal Colón
"Una más y nos vamos". George Best
"Seré franco". Clodoveo, obvio
"Menéamela a ver si crece". Manuel Azaña a Alfonso XIII
"Menos bromas". Ptolomeo
"Bienvenidos a Alemania". El mariscal petain en Vichy
"No hay mus". Ferrán Adriá
"Llevo par". Severiano Ballesteros
"Mira que soy vieja". Isabel II de Inglaterra
"¿Seguro que es por aquí?". Ulises a su tripulación
"¡Mira, como Fossbury!". Luis Carrero Blanco
"Pa habernos matao". Manolete
"Una más y nos vamos". Carlos Marx
"Esta también la pago yo, ¿no?". Federico Engels
"¿Seguro que es por aquí?". Al marqués de Sade. Todas. Constantemente
"Rojos, que sois todos unos rojos". José McCarthy
"Ya te digo". José Stalin
"¿Habéis visto por ahí a una paloma?". San José
"Joder, vaya familia". Isabel II de Inglaterra
"Una más y nos vamos". El marqués de Sade a sus amigos, en un convento
"Seré Franco". Eduardo Zaplana, sincerándose
"¿Seguro que es por aquí?". Paul Verlaine a Arthur Rimbaud
"Seguro". Oscar Wilde
"Casi que lo de invadir Ruisa igual lo dejamos para otro día". Von Ribbentrop a Hitler
"Y lo de Inglaterra casi que también". Goebels a Hitler
"Os váis a cagar". Adolfo Hitler
"Ya nos estabais tocando los cojones". El pueblo ruso a Alemania
"Ya me he chinao". John Lennon
"¡Seguro que es por aquí!". El teniente coronel George A. Custer
"Ya me estaban tocando los cojones". Caballo Loco

Complejo de Edipo

Posición II, limones

La prisión de máxima seguridad pertenecía ya al pasado. Si los maté fue sólo porque lo merecían. Por eso y porque soy un auténtico psicópata que disfruta con el sufrimiento ajeno, pero tras 20 años de cárcel un nuevo programa me había puesto en la calle con la libertad condicional bajo el brazo y un anodino puesto de trabajo como redactor de manuales de instrucciones de electrodomésticos.
Un apasionante tríptico con las instrucciones de un exprimidor fue mi primer y anodino trabajo. Todo el funcionamiento del aparato se limitaba a conectarlo a la corriente y colocarlo en posición I para las naranjas y II para los limones y el resto de cítricos. Sin embargo, conseguí completar un manual de 36 páginas con varias subespecificaciones para cada especificación y un complejo diagrama que, una vez interpretado, no se correspondía con el aspecto ni el funcionamiento real del aparato.
Resultado: siete suicidios comprobados y otras trece muertes por impacto de exprimidor en la cabeza en tan solo tres semanas. Sin duda, había dado con mi auténtica vocación: una profesión creativa, legal y que me permitía provocar la muerte o, en el peor de los casos, el sufrimiento a cientos o quizá miles de personas.
Aquel exprimidor fue mi pasaporte para el departamento de manuales de equipos de DVD y televisores digitales de plasma o, como me gustaba llamarlo, el paraíso de los sociópatas. Allí pronto di muestras de mi valía, y conseguí redactar el libro de instrucciones perfecto. Para ponerlo a prueba contrataros a varias docenas de ingenieros de la ESA que, efectivamente, no consiguieron ni hacer funcionar el aparato ni localizar la junta de la trócola que indicaba el diagrama 2 (ver imagen), sin duda por un error en el sintetizador automático por el que conviene ponerse en contacto con el proveedor de servicios.
Aquello debía ser la confirmación de mi carrera, mi ascenso hacia el nirvana de los redactores de manuales; mi carrera progresaba a a una velocidad meteórica. Y hubiera llegado a la cima si no me hubieran encargado aquel maldito manual para un hacha, que se disparó mientras la estaba probando.

Jerogrífico

Efemérides 9

1230 a. C: Moisés pide tablas.
920: Abderramán II coloca el alfil el fianchetto.
1132: El pastor da mate.
1547: Los españoles diseñan su famosa apertura.
1623: Los sicilianos pergeñan su no menos famosa defensa.
1782: Los sicilianos han perfeccionado tanto su defensa que pasan al ataque. Nace la Cosa Nostra.
1789: Lafayette da jaque a Luis XVI.
1792: Robespierre consigue el jaque mate.
1823: Los uruguayos toman mate.
1890: El kaiser Guillermo II se enroca.
1917: El zar Nicolás II no acierta a enrocarse.
1917: Lenin da jaque mate.
1940: La defensa francesa se revela bastante ineficaz.
1982: Jorge Videla no sabe cómo contestar a la apertura inglesa.
1982: La Thatcher acepta el gambito.
1983: Jorge Videla se retira para recibir clases de ajdrez.

Arquitectura inteligente

Lo peor de construir un edificio inteligente es que el edificio te gane al ajedrez, dijo el arquitecto a su alumno.
-¿Por qué precisamente al ajedrez?
-Era un edificio muy aficionado a Bergman.

Odas histórico filosóficas

Oda de pie quebrado
Odiseo es nombre de maricón, dijo el héroe a Penélope.
A partir de ahora llámame Ulises, que es más elegante.
Y ya te vale poner al niño Telémaco, ¿no se te ocurría otro nombre?
-Pues la bufanda te la va a tejer tu puta madre, dijo Penélope desafiante
El pie quebrado: Y además el niño es de Menelao, idiota.

Micro-oda dubitativo-metafísica
¿Revolucionar es evolucionar dos veces?


Oda a la duda metódica
No me decido

Oda a la confusión
¿Qué oda es?
Las cuatro y cuadto

Curiosidades poéticas: El padre de Jorge Manrique murió de aplastamiento después de que se le derrumbara encima una copla de pie quebrado de su hijo. "Esta estructura poética no se sostiene", fueron sus últimas palabras. Efectivamente, no se sostenía.

Frases célebres de la historia. Capítulo 46

"Por mí y por todos mis compañeros". Filípides
"Antes de seguir en la OTAN monto una reconversión industrial". Felipe González
"Hace un frío de cojones". Roald Amudsen
"Esto va a ser la junta de la trócola". Fernando Alonso a Lewis Hamilton
"Mucho rojo, es lo que hay". Fulgencio Batista
"Pues claro, ¿quién cojones iba a ser si no? ¿No ves que todos los demás son negros?". Livingstone a Stanley
"Mucho negro, es lo que hay". Ana Rosa Quintana
"Anda que la que habéis liao". Saladino a los cruzados
"Mucho moro, es lo que hay". Golda Meyer
"Peor sería ser negro". Fulgencio Batista
"Primer". Roald Amudsen
"Segun". Raymond Poullidor
"Mira, fuegos artificiales". Goebels a Hitler, en el búnker
"A que te fumo". Paul McCartney a Yoko Ono
"Esto no tiene futuro". Marilyn Monroe a John F. Kenney
"Voy a crear una doctrina". Eisehower
"Eso ya se me había ocurrido a mí". Monroe
"¿Seguir en la OTAN? Sí, y ponemos a Solana de presidente, no te jode". Felipe González
"Quisiera ser tan alto como la Luna...". Luis Carrero Blanco, profético
"Vamos a ver si hay más cortijo". El teniente coronel George A. Custer
"¿Tú y cuántos más?". Caballo Loco
"¿A dónde vas con ese remo?". Patroclo a Aquiles
"¿A dónde vas con esos cuernos?". Manolete a Islero
"Eso va a ser la junta de la trócola". Tomi Makkinen a Carlos Sáinz
"Al pan pan y al-vino, yo". Salif Keita

El cálculo de Diego Barea

El despertador sonó a las ocho, el autobús pasó a las ocho y media y a las nueve Diego ya estaba de nuevo frente a su ordenador. Era su primer día de trabajo. Al menos el primero desde su readmisión, desde su despido, desde aquella noche canalla cuatro meses atrás.
A la mañana siguiente se sentía morir. Si las resacas se midieran en adjetivos, la de Diego era superlativa; si los teléfonos sonaran con adverbios, el suyo lo hacía inistentemente, porque, por decirlo con sustantivos, su retraso ya lindaba en el absentismo laboral.

Andrés dormía en la habitación contigua. O al menos lo intentaba, hasta que a las once y media no soportó más la tortura acústica y decidió descolgar para encontrarse al otro lado del auricular una voz irritada que le inquirió:
-Buenos días. ¿Diego Barea?
-Soy su compañero de piso, ¿qué quería?
Diego, que había advertido la maniobra , corrió alarmado a la sala de estar y, aún con los ojos enramados y la voz agrietada, tapó con la mano el micrófono para musitar a Andrés: "Si es del trabajo, di que estoy enfermo. Muy enfermo".
-Eh... No, Diego está indispuesto -obedeció.
Tras un breve silencio, Andrés volvió a interrogar, esta vez a su compañero, después de apartar convenientemente el auricular:
-Preguntan qué te pasa.
-Yo qué sé; invéntate algo.
-Verá, es que está de parto. Ahora tengo que dejarle. Buenos días.
A Diego se le pasó la resaca de pronto:
-¿Les has dicho que estoy de parto? ¿Pero cómo se te ocurre?
-Yo qué sé. La verdad, nunca se me ha dado muy bien mentir. Fue lo primero que se me ocurrió.
-¿Lo primero que se te ocurrió? ¿Pero cómo...? -insistió cada vez más irritado.
-Yo que sé. Mi hermana la última vez que faltó al trabajo es lo que dijo, y no la pusieron ningún problema...
-Porque tu hermana sí que estaba de parto. Ahora a ver cómo explico yo esto mañana.
-No va a hacer falta. Antes de colgar me han dicho que estás despedido.

Pocos días después, mientras terminaba los trámites para el subsidio en la oficina de desempleo, Diego comenzó a sufrir unas ligeras molestias en el estómago seguidas de una náuseas cada vez más intensas. Lo sofocos que llegaron a continuación le obligaron a sentarse, y cuando comenzó a vomitar el director de la oficina decidió declararlo parado de riesgo y le recomendó reposo absoluto. Al llegar a casa comprobó que le había crecido una gran protuberancia sobre el pubis y que se le habían hinchado las manos y los pies.
"Si no fuera porque es imposible diría que estoy embarazado", reconoció la mañana siguiente a su médico en la consulta del ambulatorio. El doctor Marín le sonrió con complacencia y se frotó las manos mientras daba su diagnóstico, consciente de que tenía en sus manos un caso que podía hacer aparecer su nombre en todas las revistas científicas.
-No, no está usted embarazado. Lo que tiene es una extraña variante de un cólico nefrítico.
-¿Perdón?
-Verá, tiene usted un cálculo en el riñón. Lo que sucede es que es algo más grande de lo normal. Bueno, eso y que no la tiene en el riñón, sino bajo el estómago. Es lo que llamamos Cálculo de Diego Barea. Aunque en realidad no es un cálculo ni una piedra, sino una pequeña escultura de Fernando Botero.
-¿Y cómo se trata?
-Con lo que llamamos el Método Marín.
-¿Y es muy extraño?
-Bueno, se conoce un caso en el mundo. El suyo. De momento esperaremos a ver cómo evoluciona y si se disuelve por sí solo.
A los tres meses la evolución había sido completamente satisfactoria, al menos para el cálculo, que lejos de disolverse había aumentado de tamaño, pesaba dos hermosos kilos y respetaba escrupulosamente el estilo de Botero. El Método Marín, consistente en la ingesta constante de cerveza hasta orinar el cálculo, se había confirmado como una terapia tan placentera como poco efectiva y, a juicio de otros especialistas, con escasa base científica. Además, el tamaño del cálculo hacía a Diego sospechar que eliminarlo a través de la orina podía causarle una sensación en el mejor de los casos incómoda.
El equipo médico, encabezado por el doctor Flores, decidió entonces aplicar la Cirugía Flores para extirpar el cólico, que crecía vertiginosamente y sólo una semana después pesaba ya cuatro kilos, con lo que su propietario tenía ya serias dificultades para salir de casa, puesto que se veía obligado a hacerlo con la poco masculina ropa de premamá. Excepto un bonito pantalón con flores estampadas, Diego la odiaba.
Y por fin llegó el gran día de la operación: "Enhorabuena. Ha tenido usted una estatua de Botero", le felicitaron los doctores Flores y Marín, ya médicos del mes en el póster central del 'Science' de mayo, cuando despertó de la anestesia. "Al final tendrás que admitir que sí que estabas de parto", apuntilló Andrés. El cólico adorna desde entonces una pequeña plaza en el paseo de la Castellana, junto a las Torres de Colón.

Nanorrelato 46 bis

Adela era sólo un rollito; se la comió con salsa agridulce

Todos los santos

Un minuto de diálogo en memoria de los mimos fallecidos