"Cuando le da el bajón adrenalítico, la manada se dirige al abrevadero más cercano y, entre cuartos y medias, divaga sobre lo ocurrido, lo que sucederá, lo existente y lo imaginario. En este último capítulo se sitúa Samuel Westford, personaje del todo oscuro, por más que inexistente, al cual la manada va vistiendo cual maniquí con los ropajes de su invención. Samuel Westfod no existe, ya digo, y como al Kaplan de Con la muerte en los talones, la manada le ha ido colgando ropajes en el vestidor, atribuyéndole una edad, una familia y un trabajo, y tomando fiel apunte de sus avatares ficticios. Cuando alguien de la manada quiere atribur un hecho sorprendente a alguien, enseguida se menta al bueno de Westford, a saber: profesor de la Universidad de Carolina del Norte (podía haber sido salteador de caminos), divorciado, erudito en lenguas muertas, con gafas, serio en el vestir... este es mi Westford (Westford? C'est moi!), como los hay otros para los demás. Lo mejor es que el tal Westford existe. Al menos hay 272 entradas en Google con ese nombre y no quiero ni imaginarme a qué se dedica, pues si da clases en Carolina del Norte, es erudito y divorciado, ahora mismo lo dejo todo y me compro una ristra de cupones. Sólo faltaría que tuviera un aire a Cary Grant! Sería capaz!"
"Cuando le da el bajón adrenalítico, la manada se dirige al abrevadero más cercano y, entre cuartos y medias, divaga sobre lo ocurrido, lo que sucederá, lo existente y lo imaginario. En este último capítulo se sitúa Samuel Westford, personaje del todo oscuro, por más que inexistente, al cual la manada va vistiendo cual maniquí con los ropajes de su invención. Samuel Westfod no existe, ya digo, y como al Kaplan de Con la muerte en los talones, la manada le ha ido colgando ropajes en el vestidor, atribuyéndole una edad, una familia y un trabajo, y tomando fiel apunte de sus avatares ficticios. Cuando alguien de la manada quiere atribur un hecho sorprendente a alguien, enseguida se menta al bueno de Westford, a saber: profesor de la Universidad de Carolina del Norte (podía haber sido salteador de caminos), divorciado, erudito en lenguas muertas, con gafas, serio en el vestir... este es mi Westford (Westford? C'est moi!), como los hay otros para los demás. Lo mejor es que el tal Westford existe. Al menos hay 272 entradas en Google con ese nombre y no quiero ni imaginarme a qué se dedica, pues si da clases en Carolina del Norte, es erudito y divorciado, ahora mismo lo dejo todo y me compro una ristra de cupones. Sólo faltaría que tuviera un aire a Cary Grant! Sería capaz!"Sección: Quotidianía delirante
"Si eso ya vete yendo tú, y eso". El general Franco al ídem Sanjurjo
"Volando voy". Sanjurjo
"Eso, eso, volando". Luis Carrero Blanco
"Me dejas a cuadros". Arlequín
"¡Alemanes todos!". Borist Yestsin, ciego de Marie Brizard
"Eso, eso, alemanes". Otto Von Bismarck
"Una más y nos vamos". Diego Armando Maradona
"Paga tú, Fede, que no llevo suelto". Carlos Marx a Federico Engels
"Os váis a cagar". Chuck Norris
"A este continente le voy a llamar Colombia". Cristóbal Colón
"Que te crees tú eso". Américo Vespucio
"¡Y ahora vamos a aprender a pronunciar la erre, con dos cojones!". Nocolas Sarkozy a los franceses
"Eso, eso, con dos cojones". John Holmes
"Maricón el último". Amudsen a Scott
"Tanta vuelta pa ná". Juan Sebastián Elcano
"Yo por lo menos me tiré a una india". Phileas Fog
"Era una zorra". Willy Fog
"Mira, nena, una verbena". Nioclás II a la zarina en el Palacio de Invierno
"¡Viva San Fermín!". Luis carrero Blanco, después del chupinazo
Sección: Frases célebres de la historia
Quién no ha oído hablar de Fernando de Pecho. Quién no se ha extasiado con sus cuartetos de curda (si, de curda y no de cuerda, saquen ustedes mismos sus conclusiones). Quién no ha babeado hasta la deshidratación con su obra coral. Seguro que ninguno de ustedes tiene idea de quién les estoy hablando. No les culpo. Fernando de Pecho es un completo desconocido a pesar ser uno de los mayores creadores de los años cincuenta (única y exclusivamente de los cincuenta puesto que nació en enero de 1950 y murió en diciembre de 1959).Efectivamente, en tan solo diez años, este niño prodigio desarrolló una extensa obra musical que deslumbró a sus coetáneos (los niños del parvulario solían llorar ante sus sonatas para piano de juguete y sonajero, no sabemos si por el placer musical o por la incipiente dentición). No nos sorprende entonces que en el discurso que ofreció a la edad de seis años ante la academia de música de París los académicos gritasen horrorizados: "¡Horror, ese micrófono está hablando solo!" al no poder verle tras el atril de oradores dada su corta estatura (todo quedó solucionado colocando una edición de las obras completas de Nietzsche bajo los pies del pequeño Fernando).
No está claro si lo que separó al pobre Fernandito de esta, nuestra vida, fue un sartenazo en la sien propinado por doña María de Espalda, su madre, al no soportar ni uno más de sus estudios para viloncello (en esta época de madurez del artista, su música se había hecho adusta en demasía) o la infección que le produjo el intentar sacarse del oido una goma de borrar Milán que, creemos que por accidente, el propio compositor se había incrustado.
Muchas son las especulaciones que giran entorno a este hecho de la goma de borrar, el cual creo que fue el motivo real de su muerte. En una de las pocas entrevistas que se le pudieron hacer en vida al compositor de marras que yo mismo realicé (y digo en vida porque tras su muerte no son pocos los musicólogos que a través de médium han intentado ponerse en contacto con él) el propio Fernando decía "si no borro lo que hay en mi cabeza no me cabrán más cosas". Ante mi cara de incredulidad por lo que estaba viendo, añadió: "¿Es que no sabes que me quieren robar las uñas?". Pobre niño... Días después apareció muerto y ningún periódico publico artículo alguno a respecto. La familia, en especial Eduardo de Pecho, su padre, quisieron acallar el suceso con algún oscuro interés. El niño Fernando, durante casi diez años explotado, obligado a escribir música para producir pingües dividendos murió con un grave trastorno cerebral y un oído lleno de virutas de goma de borrar.
Sección: Cuentos apócrifos
"¡Hay que nacionalizar las máquinas!", dijo el revolucionario.
"¡Y las matemáticas!", contestó el dislexíco.
Sección: Quotidianía delirante
Al grito de "¡No pacharán!", el británico afincado en Madrid Samuel Westford comenzó en julio de 1936 su cruzada antialcohólica, que derivó en antinacionalista cuando el lema mudó a "¡No patxaran!". Fiel seguidor de las teorías de Ortega y Gasset, que ya en 'La rebelión de la masas' advertía que a menos que se les aplique suficiente levadura las masas tienden a compactarse, Westford había sido el primero en aplicar la epistemología gassetiana a las bebidas espirituosas en un rompedor ensayo en el que sostenía que a menos que no se les apliquen endrinas las masas tienden a embriagarse.Esta primera visita, que concidió con la última, marcó profundamente el carácter de Westford, que en su demoledor 'El nuevo Ocdcidente' (The New West, London University, London, 1941), publicado ya de regreso a su país, arremetía sin piedad contra el pacharán y el txakoli en un tratado que tras conseguir cruzar clandestinamente se convirtió en uno de los textos más apreciados del tardofranquismo, distribuido en octavillas de multicopista por los bodegueros de La Rioja.
El "No patxarán" se convirtió a partir de entonces en un símbolo, una imagen de resistencia que los madrileños, mucho más aficionados al fino de Jerez, hicieron suya en recuerdo de aquella antigua consigna, que abandonó ya para siempre su contenido abstemio para convertirse en un símbolo contra las endrinas.
Desde entonces el "No patxarán" está mal visto en la magen izquierda del Nervión, mientras que la burguesía de Neguri comienza a plantearse seriamente optar por el txakoli.
Sección: Cuentos apócrifos
Anameta: 1) Anatema disléxico. 2) Meta de los apóstatas
Buclónico: Conjunto de bluces idénticos entre sí.
Buclólico: Persona que ha entrado en un bucle de bucolismo.
Cancervelo: Portero que se cubre la cara para jugar.
Guardamenta: Dícese del sujeto que, ataviado con unos guantes y pantalón corto, protege los campos de hierbabuena del ataque del grajo atrapando al animal al vuelo cuando se lanza sobre la plantación.
Hipomedusa: Lado más irritante de un triángulo.
Horcamental. Figura decorativa consistente en un tipo ahorcado con el cerebro a la vista.
Iconoplasta: Pesado irreverente.
Inestancia: Procedimiento por el que se solicita algo a Inés.
Protoberancia: Antigua protuberancia.
Prosopopiedra: Figura de personificación del mineral elemento.
Sección: Acrónimos/Alcrohónimos













